The Mystery of Mercy

01-03-2016From the PastorFr. Mike Straley

Howdy,

As we begin our new year and our Year of Mercy, let me share with you the words of our Holy Father, Pope Francis, from the Bull of Indiction creating this Holy Year:
Jesus Christ is the face of the Father’s mercy. These words might well sum up the mystery of the Christian faith. Mercy has become living and visible in Jesus of Nazareth, reaching its culmination in him. The Father, “rich in mercy” (Eph 2:4), after having revealed his name to Moses as “a God merciful and gracious, slow to anger, and abounding in steadfast love and faithfulness” (Ex 34:6), has never ceased to show, in various ways throughout history, his divine nature. In the “fullness of time” (Gal 4:4), when everything had been arranged according to his plan of salvation, he sent his only Son into the world, born of the Virgin Mary, to reveal his love for us in a definitive way. Whoever sees Jesus sees the Father (cf. Jn. 14:9). Jesus of Nazareth, by his words, his actions, and his entire person reveals the mercy of God.

We need constantly to contemplate the mystery of mercy. It is a wellspring of joy, serenity, and peace. Our salvation depends on it. Mercy: the word reveals the very mystery of the Most Holy Trinity. Mercy: the ultimate and supreme act by which God comes to meet us. Mercy: the fundamental law that dwells in the heart of every person who looks sincerely into the eyes of his brothers and sisters on the path of life. Mercy: the bridge that connects God and man, opening our hearts to the hope of being loved forever despite our sinfulness. At times, we are called to gaze even more attentively on mercy so that we may become a more effective sign of the Father’s action in our lives. For this reason I have proclaimed an Extraordinary Jubilee of Mercy as a special time for the Church, a time when the witness of believers might grow stronger and more effective.

Peace in God’s Mercy,
Fr. Mike

Que Tal,

Al comenzar nuestro año nuevo y nuestro Año de la Misericordia, permítanme compartir con ustedes las palabras de nuestro Santo Padre, el Papa Franicsco, citando de la Bula de Convocación que establece este Año Santo:
Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. El misterio de la fe cristiana parece encontrar su síntesis en esta palabra. Ella se ha vuelto viva, visible y ha alcanzado su culmen en Jesús de Nazaret. El Padre, « rico en misericordia » (Ef 2,4), después de haber revelado su nombre a Moisés como « Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira, y pródigo en amor y fidelidad » (Ex 34,6) no ha cesado de dar a conocer en varios modos y en tantos momentos de la historia su naturaleza divina. En la « plenitud del tiempo » (Gal 4,4), cuando todo estaba dispuesto según su plan de salvación, Él envió a su Hijo nacido de la Virgen María para revelarnos de manera definitiva su amor. Quien lo ve a Él ve al Padre (cfr Jn 14,9). Jesús de Nazaret con su palabra, con sus gestos y con toda su persona revela la misericordia de Dios.

Siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Es condición para nuestra salvación. Misericordia: es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Misericordia: es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia: es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados para siempre no obstante el límite de nuestro pecado. Hay momentos en los que de un modo mucho más intenso estamos llamados a tener la mirada fija en la misericordia para poder ser también nosotros mismos signo eficaz del obrar del Padre. Es por esto que he anunciado un Jubileo Extraordinario de la Misericordia como tiempo propicio para la Iglesia, para que haga más fuerte y eficaz el testimonio de los creyentes.

Paz en la Misericordia de Dios,
Padre Mike

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